Broadway
Diecinueve teatros componen esta “ancha calle” de Nueva York, diecinueve teatros a los que ya nada puede sorprenderles. El libro habla de Las Vegas como la ciudad en la que se concentra el mundo y habla de Disneyland como la ciudad en la que todo es felicidad. En mi opinión, relaciona estas dos ciudades como las posibles ciudades del futuro o, más bien, relaciona estas dos ciudades para que, juntas, sean la ciudad del futuro: cultura, entretenimiento y felicidad.
La realidad de las ciudades no es sólo que sean multiculturales, que no te permitan ni un solo descanso para intentar aburrirte y pensar o que irradien alegría por cada uno de sus rincones llenándote de felicidad, esa no es la realidad. La realidad va mucho más allá, en ella se incluyen todos los pensamientos, sentimientos y acciones que ocurren en el día a día de los núcleos urbanos y por eso he decidido titular a este capítulo con el nombre de Broadway, ya que es el lugar donde más representaciones del mundo real pueden existir y, por lo tanto, de las ciudades del futuro.
Crítica
La primera cuestión que te plantea el capítulo es la de la homogenización del mundo, la difusión de un solo modelo que sea el mejor, por lo tanto, que tenga mayor eficacia. Bien, sobre esto existen dos puntos de vista que voy a explicar con la comparación de los dos tipos de reproducciones.
Por un lado está la reproducción asexual, la que homogeniza a todos los individuos de la especie. Esto quiere decir que todos los individuos son iguales y que si viven en un medio adecuado para ellos se reproducirán a la velocidad de los conejos multiplicada por mil pero, ¿qué ocurre si el medio cambia? Todos mueren. Lo mismo le pasaría a las bolsas de los supermercados si se acabase el petróleo, por ejemplo.
Por otra parte, está la reproducción sexual, mucho más lenta y en la que hay variabilidad genética y, por lo tanto, individuos con diferencias en aspecto físico y morfológico. Esto quiere decir que en un mismo medio hay individuos mejor y peor adaptados y que el cambio en el medio que se produjera tendría que ser muy devastador (como los meteoritos con los dinosaurios) para que toda una especie se extinguiera. Aquí pondría el ejemplo de los carritos de la compra de las abuelas, durarían hasta mucho tiempo después de que se acabase el petróleo y se agotaran las bolsas de plástico.
Es difícil decidirse entre estos dos puntos de vista, son totalmente opuestos y los dos tienen sus pros y sus contras. Pero después de pensarlo más de dos veces, creo que me decido por el segundo, al fin y al cabo, la cocina de mi casa sigue siendo de gas cuando la cocina homogeneizada es eléctrica.
El tema norteamericano, el segundo que trata el autor, es un tanto más peliagudo. Mi profesora de lengua siempre nos mandaba hacer cuentos y relatos y, respecto a eso, es muy difícil ser original. Ante nuestra preocupación ella siempre decía: “Tranquilos, no hay nada nuevo bajo el Sol.” Bueno, pues yo creo que este tema va un poco encaminado por ahí: el continente asiático, el continente europeo y sudamérica quieren parecerse a EEUU, pero ellos también han tenido que parecerse a alguien, ¿no? Es decir, si no hay nada nuevo bajo el Sol y los norteamericanos, hasta ahora, no son búhos ni ningún animal nocturno que se le parezca, ¿de dónde proceden sus modelos a imitar por el resto del mundo? Pues muy probablemente, del resto del mundo sin que el mundo, en sí, lo adivine.
Del apartado “Aprendiendo de Las Vegas”, lo que más me llama la atención es la reflexión que ha hecho el autor sobre el obstáculo histórico. Sin duda alguna, nunca iría a Las Vegas para ver la Torre Eiffel ni los canales de Venecia ni nada que fuera una réplica de algo original e histórico. Las personas que hacen eso me transmiten una sensación extraña de inmadurez que, en definitiva, es lo que te intenta explicar el libro: las personas viajan a Las Vegas a ver una réplica de la Torre Eiffel porque no soportarían la presión de los años de este monumento histórico a través de sus ojos y sobre sus cabezas.
Respecto a las dos últimas partes, lo que más me gusta es la cuestión que plantea Erich Fromm: ¿Qué es mejor, una sociedad depresiva y manipulada o una sociedad feliz a la que no sea necesario manipular? Sin duda, la respuesta que da el autor es la que yo también elijo: estar feliz es mejor que estar depresivo.
Frases
- Todas las frases de la primera parte podrían explicarse a través de la descripción de homogeneización e incluso esta frase encajaría a la perfección en esa descripción, pero me ha parecido la frase más global, completa e impactante de todas. La verdad es que, al leerla un par de veces he pensado: “El mundo puede acabarse en cualquier momento y nosotros ¿qué hacemos? Provocamos la extinción de millones de especies preciosas que nadie jamás llegará a conocer sólo porque con tener un perro, un gato o un pájaro en nuestra casa, lo que tiene la mayoría de la gente, ya hay suficiente fauna en el mundo; provocamos el descenso de vestimentas autóctonas simplemente porque a alguien se le ha ocurrido decir que los vaqueros son los mejores pantalones para llevar y que quien no los lleve es raro; en definitiva, hacemos que todo el mundo desee las mismas cosas para que no halla que comerse mucho el tarro en unos cuantos de años.” Y cada vez que pienso esto me apena, porque lo bonito del mundo está en la variedad de especies, en la variedad de colores, en la variedad de telas…
2. Vivir únicamente lo más selecto denota un elitismo muy trasnochador.
- Lo pasado de moda o lo no-cool ya no se refiere sólo al tipo de peinado o el estilo de ropa que lleves, no. Actualmente hay que estar al día de todo lo que pasa a tu alrededor, y con la globalización el significado de “tu alrededor” abarca al mundo entero. No tengo ni la más remota idea y no pienso probar cómo hacen algunas de mis compañeras para estudiar el temario del instituto y saberse de cabo a rabo las vidas de tales o cuales famosos para estar al día de todo pero, sinceramente, no me parece lo más cool del mundo ni por asomo.
3. Ciudades del mundo volcadas en la floreciente explotación de lo ficticio.
- Es impresionante la evolución de las ciudades desde las revoluciones industriales hasta el día de hoy. Son auténticos parques temáticos y no sólo las nuevas ciudades construidas de esta manera, yo diría, incluso, que las ciudades medievales tienen más ficción que los parques temáticos. Mi explicación a esto es que una ciudad-parque temático es moderna y no tiene la capacidad de imaginación más grande que la que sus personajes te presenten, sin embargo, una ciudad o un pueblo medieval tienen el maravilloso factor de la historia, por cada rincón de estas ciudades han pasado millones de acontecimientos que forman parte su cultura y enseñanzas y creo que eso es una grandísima ventaja con respecto a las ciudades modernas y tematizadas.
4. La cultura avanza hacia una extraordinaria adoración a la mentalidad del niño.
- Esta frase es el resumen más y mejor resumido de toda la última parte del capítulo. Las ciudades se crean para esa mentalidad infantil y despreocupada que posee tanto el niño como cualquier adulto que quiera regresar a su infancia. Como dije al principio de todo el trabajo, las ciudades intentan proporcionarte felicidad en cada uno de sus rincones y la mejor manera de hacerlo es ir en la dirección contraria a la que nos marca la vida, es decir, infantilizar mejor que madurar.
5. La posmodernidad enfatiza el valor del momento.
- Esto se debe a la despreocupación que hemos ido desarrollando a lo largo de generaciones, despreocupación que nos lleva a la pena de no valorizar nuestra historia y no tener en cuenta el pasado del mundo ni de las personas y, por consecuente, desconocer quiénes somos y dónde vivimos.