La ignorancia del mundo
La ignorancia del mundo,
igual a la de la raza humana, igual a la de cada individuo. Vivimos en un lugar
rodeado de mentiras y farsas y no somos capaces de verlo. Creemos que somos
especiales y sólo somos uno más. Creemos que somos capaces de valernos por
nosotros mismos y, sin alguien a nuestro lado para verlo, no somos nadie. Quienes
son religiosos creen en algo que no existe y quienes son ateos creen que lo que
existe puede darles todo lo que necesitan. Nos engañamos a nosotros mismos haciéndonos
creer que actuamos por el bien de todos, cuando, en realidad, actuamos por el
bien individual. Y buscamos siempre la verdad que nos conviene e interesa, es
decir, la mejor mentira.
Crítica
En esta primera parte del
quinto capítulo se habla, mayormente, del yo. Todos queremos ser nosotros
mismos y todos queremos ser únicos; y, lo curiosos de este hecho, es que todos
pretendemos hacerlo siguiendo los mismos patrones, sin salirnos de los límites
de lo establecido.
En “Enfermos y felices” nos
hablan sobre la infelicidad de los individuos. Hoy en día, la felicidad depende
del tipo de relaciones sociales que tenemos, de su número y de su calidad. Si
las relaciones humanas entre los individuos no marchan “correctamente”, estos
individuos entrarán en una fase de infelicidad de la que solo podrán salir con
medicamentos.
La tercera parte de este
capítulo trata las creencias en el capitalismo de ficción. Dios ha vuelto
reencarnado en cualquier cosa que cualquier persona desee. Si quieres adorar a
una bicicleta, la bicicleta será tu Dios; si un libro lo significa todo para
ti, ese libro será tu Dios; si una marca de ropa te hace sentir especial, esa
marca será tu Dios; y así con infinitos casos. Dejar de creer en el Dios de la
iglesia te abre las puertas a un mundo lleno de Dioses personalizados. También
habla de la distinción entre la feminidad, marcada por la naturaleza y la
tranquilidad, y la masculinidad, dictada por el terrorismo y las guerras.
En “La demanda de verdad”,
Vicente Verdú nos habla sobre la ecología y lo natural. Estos dos términos, hoy
en día, pretenden igualarse al término real. La ecología promueve la idea de un
mundo sin contaminación que el capitalismo de ficción apoya; y la naturaleza,
expresada como lo natural de las cosas, el origen de las cosas, cada vez
atiende a un mundo más real, ya que cuando algo es natural, se supone que es
verdadero.
En el último subcapítulo,
“Ética y cosmética”, se trata el asunto de la cura interior por medio del
consumo. Hoy en día, en el capitalismo de ficción, las empresas y compañías
intentan vender productos que nos hagan sentir bien, y no solo con sus
servicios, sino con el lugar al que destinan el dinero que invertimos en dichos
productos. La mayoría de las personas se sienten mejor si compran algo de lo
que el dinero obtenido sea para la caridad, que si compran algo de lo que los
beneficios sean únicamente para la empresa.
Frases
1. El capitalismo se ha
esmerado en la exaltación de la disimilitud.
- En el capitalismo de
ficción lo importante es ser único, o pensar que lo eres. ¿Las televisiones
emiten un anuncio de de ropa particular y específico para el gusto de cada
persona? No. Entonces, ¿por qué pensamos que llevando la misma camiseta que
otro, pero con distintos vaqueros (aunque sigan siendo vaqueros), somos
diferentes y únicos? Este capitalismo nos hace creer que, en efecto, somos
únicos por llevar un conjunto diferente, cuando, en realidad, todos somos
(mayormente) iguales.
2. La felicidad aumenta o
disminuye de acuerdo con el número y la calidad de las relaciones humanas.
- Creemos que podemos
valernos por nosotros mismos, nos tratamos de más fuertes que nadie, pensamos
en nosotros como seres autosuficientes, pero nos equivocamos. Todos los seres
humanos necesitamos de alguien como nosotros para comunicarnos constantemente.
Cuando una persona viaja en solitario a un país donde la lengua es totalmente
diferente, se siente frustrado y agobiado por la situación, aunque sólo sea
durante la primera semana de estancia. No quiero ni imaginar cómo se sentirá
una persona que, estando en un lugar donde puedes relacionarte perfectamente
con los demás individuos, no se socialice. Somos seres sociales y necesitamos
de otros seres sociales para sentirnos confortados.
3. Dios ha resucitado y
acampa de formas diversas con la autoridad de no haber dicho todavía la última
palabra.
- De formas diversas, de
todas las formas. Dios es el mundo, la religión está en todas partes: en tu CD
favorito, en el paisaje de tu infancia, en el olor de la primavera, en el
sonido de las olas… Cualquier cosa que te provoque una gran sensación de
bienestar pasa a convertirse, casi inmediatamente, en algo a lo que agarrarte
con fuerza cuando te sientas solo o perdido. Tenemos fe ciega en estas cosas,
por lo que podemos considerarlas como nuestra religión personalizada.
4. La verdad demandada
regresa reciclada, convertida en un artículo de calidad.
- Pedimos que se nos muestre
la verdad en todo momento, pero no queremos la verdad aburrida, queremos la
verdad comercializada, la que nos entretiene al descubrirla.
5. La producción de
mascarillas para recubrir la mala imagen se ha convertido en un negocio
floreciente.
- El negocio de la bondad. El negocio que nos lleva a gastar en
beneficio a los necesitados y no solo por nuestro gozo y disfrute. Este negocio
va camino de convertirse, si no lo ha hecho ya, en el mayor negocio del
capitalismo. Es la inversión perfecta para asegurarte un lugar a la derecha de
Dios.